Elena Gould Harmon nació en la región norte de los Estados Unidos, el 26 de noviembre de 1827. Siendo una niña, ella pensaba mucho en Jesús y en las cosas espirituales. A la edad de 12 años Elena entregó su corazón a Jesús. El siguiente año ella escuchó cuidadosamente las conferencias proféticas de Guillermo Miller sobre Daniel y Apocalipsis, y creyó en el mensaje del advenimiento de Jesús esperado para el 22 de octubre de 1844. A los 14 años de edad Elena fue bautizada por inmersión en una iglesia protestante. Debido a que el mensaje del advenimiento no fue aceptado por la mayoría de las iglesias protestantes, Elena y su familia fueron posteriormente desfraternizados de su iglesia por creer en el pronto regreso de Jesús. Los creyentes adventistas se chasquearon cuando Jesús no vino el día que ellos lo esperaban.

Dos meses después de este Gran Chasco, Elena asistió a un grupo de oración en la casa de una joven amiga. Mientras ese pequeño grupo de amigas estaba en oración, el Espíritu Santo vino cerca con un sentido especial de seguridad. En ese momento, Elena, de diecisiete años de edad, quien era frágil y enferma por un accidente en su niñez, recibió su primera visión.

Una semana después de su primera visión, Dios llamó a Elena para ser su mensajera. Al principio Elena era tímida, sensible y muy renuente para hablar u orar en público -especialmente cuando se le pedía presentar mensajes no populares. Pero los mensajes de Dios eran para ayudar a sus fieles seguidores a acercarse más a Él. Elena dejó a un lado su renuencia de ser la mensajera de Dios cuando comprendió que Dios desea que la gente cambie sus vidas y así puedan gozar de su presencia por la eternidad. Elena también trajo mensajes de esperanza que expresaban el amor de Jesús.

 

Elena se casó con su buen amigo, Jaime White, en 1846. La pareja tuvo cuatro hijos varones, dos de los cuales vivieron hasta ser adultos y llegaron a ser pastores adventistas. Junto con José Bates, Elena y Jaime fundaron la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Hoy hay millones de adventistas en todo el mundo. ¡Somos diversos! Venimos de diferentes culturas, nos miramos diferentes, tenemos diferentes ideas de cómo practicar nuestra religión alrededor del mundo. Entonces, ¿qué nos unifica?

Primero, la Biblia nos une; es la esencia de nuestras creencias. Segundo, los escritos de Elena de White han ayudado grandemente a unificar

nuestro movimiento con el propósito de compartir el evangelio a todo el mundo.

Durante los 70 años del ministerio público de Elena de White, ella recibió cerca de 2000 visiones. Su última visión registrada fue con referencia al gran amor de Dios hacia los jóvenes. Las 100,000 páginas de sus escritos son la base de más de 135 libros.

Elena de White es la autora más traducida en el mundo, y la autora estadounidense más traducida de ambos sexos. ¿Sobre qué escribió ella? Su tópico favorito fue la salvación -cómo somos salvos, cómo orar, y qué hacer con la duda. Pero ella también escribió mucho sobre salud, educación, relaciones, profesiones, familia, evangelismo, justicia social, y la importancia de las Escrituras.

 

Durante su larga carrera, Elena de White ayudó a establecer escuelas, colegios, hospitales, y casas publicadoras en Norteamérica, Europa y Australia. Ella amó a la juventud y fue una oradora favorita entre la gente de todas las edades. En su communicación verbal y escrita, ella instó a los jóvenes a llevar las buenas nuevas del pronto retorno de Jesús a sus amigos, familiares y comunidades.

Elena de White promovió en sus escritos el activismo social, especialmente animando a los cristianos a responder a las necesidades de los pobres y sufrientes. Ella además instó a la gente a no obedecer la ley del esclavo fugitivo que requería

regresar a sus amos los esclavos que se escapaban. Ella practicó constantemente actos de compasión y misericondia en su vida personal, como tener viviendo estudiantes en su hogar, compartiendo regularmente los frutos de su huerta, y costurando ropa para los pobres.

Valientemente y sin temor, Elena proclamó que los diez mandamientos se basan en el gran amor de Dios, y que Dios ayudará a sus hijos a guardar sus mandamientos mientras haya vida. A ella le gustaba especialmente el mandamiento del sábado porque éste provee tiempo especial para pasar con Jesús, y porque al guardarlo se muestra nuestra lealtad a Él.

Elena de White murió a la edad de 87 años en su hogar, en el norte de California. Sus últimas palabras fueron: "Yo sé en quién he creído." Ella dedicó su vida entera a servir a otros. Aún más impotante es que sus palabras inspiradas continúan guiando a hombres y mujeres, muchachos y muchachas, a una relación creciente con Jesús. ¡Qué ejemplo!

Dios también quiere que tú seas su testigo y guíes a otros a Jesús (Jeremías 1:6-7; Isaías 43:10).

 

¿Por qué no leer los escritos de Elena G. de White por ti mismo(a)? Los siguientes son dos libros sugerentes para comenzar: Mensajes para los Jóvenes, y El Camino a Cristo, ¡Descubre, disfruta y construye una fuerte relación con Jesús!


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